“La inclusión también se saborea”: Don Eduardo Rodríguez Piedrabuena, presidente de Fundación Cedel reflexiona sobre La hogareña, el empleo y el valor empresarial de la diversidad
En una conversación cercana pero profundamente estratégica, D. Eduardo Rodríguez Piedrabuena, presidente de Fundación Cedel, reflexiona sobre el impacto real del empleo inclusivo, el modelo empresarial con propósito y los desafíos que enfrenta el sector social en un contexto cada vez más competitivo. Desde La hogareña hasta las alianzas con empresas, su visión combina compromiso humano con rigor profesional. Una entrevista imprescindible para entender por qué la inclusión no es solo un valor: es una forma de hacer empresa.
¿Qué representa para usted el Día Internacional de la Croqueta en el contexto de Fundación CEDEL?
Es mucho más que una celebración gastronómica. Para nosotros es una metáfora poderosa. La croqueta es un producto que tradicionalmente nace del aprovechamiento, de dar valor a lo que otros descartan. Y esa imagen la trasladamos, con respeto, a cómo se ha tratado durante años al colectivo de personas con discapacidad: como si no fueran «aprovechables» para el mundo laboral. Hoy, en La hogareña, demostramos justo lo contrario. Cada croqueta es excelencia, y detrás hay personas con un talento inmenso.
¿Qué diferencia a La hogareña de otras empresas del sector alimentario?
La diferencia está en el alma. La Hogareña es un Centro Especial de Empleo, sí, pero sobre todo es una empresa que cree en el valor del trabajo digno. Producimos con la máxima calidad, siguiendo recetas tradicionales sin aditivos, pero lo hacemos con un equipo donde más del 70% son personas con discapacidad. Esa es nuestra fuerza: la profesionalidad unida a la inclusión. Lo que nos mueve no es la compasión, es la convicción empresarial de que la diversidad suma.
¿Cómo se gestiona la exigencia del mercado sin perder de vista el compromiso social?
Con profesionalidad, formación y visión a largo plazo. Nuestro modelo no es asistencialista. Aquí nadie “ayuda” a nadie. Se trabaja, se forma, se innova y se exige como en cualquier empresa. Pero se hace adaptando los puestos, eliminando barreras, y acompañando a cada persona en su desarrollo profesional. Eso sí, sin perder nunca de vista que nuestro fin último es social: queremos cambiar vidas a través del empleo.
¿Qué le dice al cliente que descubre que las croquetas que está comiendo han sido elaboradas por personas con discapacidad?
Le diría que disfrute el sabor, pero también el valor. Que entienda que ese producto no solo alimenta, sino que genera impacto. Que cada vez que elige un producto de La hogareña está apostando por una economía que pone a las personas en el centro. Muchos se emocionan cuando conocen nuestra historia, y eso es muy bonito, pero más aún es cuando repiten compra no por solidaridad, sino por la calidad.
La Fundación Cedel lleva más de 50 años trabajando por la inclusión. ¿En qué momento está actualmente?
Estamos en un punto de expansión y profesionalización. A lo largo de los años hemos consolidado proyectos como La Hogareña, Alphas —nuestro centro de salud y bienestar— y servicios como atención temprana, centros ocupacionales y residencias. Pero queremos más: queremos escalar nuestro modelo, llegar a más personas, más empresas, más territorios. Y lo estamos haciendo con una estrategia clara que combina digitalización, alianzas y una fuerte identidad de marca basada en nuestros valores.
¿Qué papel juegan las empresas aliadas en este crecimiento?
Son fundamentales. Nuestro programa “Aliados por la Inclusión” no es una campaña más, es una propuesta de transformación empresarial. Invitamos a las empresas a comprometerse con la inclusión real, no solo desde la contratación, sino también desde la sensibilización, el voluntariado corporativo y el patrocinio de programas formativos. A cambio, les ofrecemos acompañamiento, reconocimiento y beneficios reales en reputación, fidelización y cumplimiento de sus políticas de compromiso social.
¿La discapacidad se sigue viendo como una limitación en el mundo empresarial?
Por desgracia, en muchos casos sí. Pero estamos cambiando esa narrativa. Nosotros no hablamos de «personas discapacitadas» sino de talento diverso. Y lo demostramos cada día. La inclusión no es caridad, es inteligencia empresarial. Está demostrado que los entornos diversos son más innovadores, más humanos y más estables. La clave está en romper prejuicios y crear estructuras inclusivas, desde el diseño hasta la toma de decisiones.
¿Qué espera Cedel de este año 2026?
Esperamos seguir creciendo, pero sin perder nuestra esencia. Vamos a fortalecer nuestras alianzas, mejorar nuestra presencia digital, invertir en formación, y lanzar campañas que visibilicen más y mejor el talento de las personas con discapacidad. Queremos que más empresas se sumen, que más ciudadanos se hagan socios, y que cada croqueta, cada terapia, cada puesto de trabajo, siga siendo una oportunidad concreta para transformar una vida.
¿Cómo resumiría en una frase el propósito de Fundación CEDEL?
Convertir la inclusión en acción. Y hacerlo con calidad, con compromiso y con una visión empresarial que demuestre que lo social y lo rentable pueden —y deben— ir de la mano.

