Desde su experiencia profesional y personal, uno de los Patronos de la Fundación Cedel nos abre las puertas a una visión profunda, humana y estratégica sobre el papel que juega esta entidad dentro del ecosistema de la discapacidad y la inclusión en España. A lo largo de esta entrevista, se abordan cuestiones clave como el impacto real de los centros de empleo como La hogareña y Alphas, los desafíos del crecimiento sostenible, y el compromiso transformador del programa Aliados por la Inclusión. Una conversación que refleja el latido de Cedel: cercanía, compromiso y acción.
Hoy hablamos con Pablo Garrido, Patrono de la Fundación.
Como Patrono de la Fundación Cedel, ¿Cómo percibes hoy el papel de la Fundación dentro del ecosistema de la discapacidad y la inclusión en España?
Desde mi punto de vista, la Fundación Cedel juega un papel fundamental como catalizador de cambio en el ecosistema de la discapacidad y la inclusión en España. No solo por su trayectoria y compromiso, sino por su capacidad de conectar personas, instituciones y proyectos que realmente transforman vidas.
Lo que más valoro de Cedel es su enfoque humano y su vocación de impacto. En un entorno donde muchas veces las iniciativas se quedan en lo teórico, Cedel baja al terreno, escucha, acompaña y proporciona soluciones reales. Y lo hace con una mirada inclusiva, y profundamente respetuosa con la diversidad.
Como patrono, me siento afortunado de poder contribuir desde mi experiencia profesional y personal, y de aprender cada día de un equipo que no solo trabaja por la inclusión, sino que la vive y la impulsa con pasión. Creo que el reto ahora es seguir ampliando ese impacto, tejiendo alianzas y visibilizando todo lo que aún queda por hacer para que la inclusión sea una realidad cotidiana en todos los ámbitos de nuestra sociedad.
Cedel cuenta con centros de empleo como La hogareña y Alphas que están marcando la diferencia. ¿Qué destacarías de su impacto y de los retos que enfrentan en el futuro inmediato?
Lo que más me impresiona de centros como La hogareña y Alphas es que no son solo espacios de trabajo, sino auténticos motores de autonomía y desarrollo personal para muchas personas con discapacidad. Su impacto va mucho más allá de lo económico: generan comunidad, autoestima y oportunidades reales de inclusión laboral.
Destacaría especialmente su capacidad para adaptarse a cada persona. Esa personalización, ese cuidado en los detalles, es lo que convierte a estos centros en referentes.
Ahora bien, también enfrentan retos importantes. El primero, sin duda, es la sostenibilidad: cómo seguir creciendo sin perder su esencia. Otro gran desafío es la transformación digital, que puede ser una palanca de inclusión si se gestiona bien, pero también una barrera si no se acompaña adecuadamente. Y por supuesto, está el reto de la visibilidad: necesitamos que más empresas, instituciones y ciudadanos conozcan estos modelos y se sumen a ellos.
Desde mi rol como patrono, me siento comprometido a apoyarles en esa evolución, a tender puentes y a abrir espacios donde su labor sea reconocida y potenciada.
Los productos de La hogareña o la expansión de servicios en Alphas son grandes apuestas. ¿Cómo ves estas estrategias como parte del crecimiento sostenible de la Fundación?
Las veo como apuestas absolutamente necesarias para garantizar la continuidad en el tiempo del complejo global que abarca la Fundación. La Hogareña, con sus productos, está demostrando que la calidad y el compromiso social pueden ir de la mano. No se trata solo de vender, sino de contar historias, de poner en valor el trabajo de personas que muchas veces han sido invisibilizadas. Cada producto que sale de allí lleva detrás un mensaje de inclusión y dignidad. Pero se ha de competir con la realidad del mercado, y no siempre es fácil que te compren este mensaje, y que te apoyen para seguir cumpliendo con el compromiso social.
En el caso de Alphas, la expansión de servicios es una muestra clara de visión estratégica. Se buscan nuevas formas de generar negocio, impacto y empleo, para poder garantizar una estabilidad social y económica, manteniendo la visión a medio y largo plazo de continuar con la misión de todos los centro de empleo de la Fundación.
Estas estrategias, bien gestionadas, son claves para la sostenibilidad de la Fundación. Porque permiten diversificar ingresos, fortalecer el modelo de negocio social y, sobre todo, demostrar que la inclusión no es solo un valor ético, sino también una fuente de innovación y competitividad.
Desde mi rol como patrono, me entusiasma ver cómo Cedel está apostando por crecer sin perder su esencia. Y creo que el reto ahora es seguir consolidando estos proyectos, midiendo su impacto y comunicándolo bien, para que más personas, empresas e instituciones se sumen a este camino.
Como parte del Patronato, ¿Qué visión compartes con el resto del equipos sobre la sostenibilidad y expansión de Cedel en los próximos 5 años?
La visión que compartimos en el Patronato es clara: queremos que Cedel crezca, sí, pero que lo haga de forma sostenible, coherente con sus valores y con impacto real en las personas. No se trata de expandirse por expandirse, sino de consolidar lo que ya funciona, y abrir nuevos caminos que multipliquen oportunidades.
En los próximos cinco años, vemos a Cedel como una entidad aún más conectada con el tejido empresarial, educativo y social. Queremos fortalecer alianzas, diversificar fuentes de financiación y apostar por modelos que combinen rentabilidad económica con rentabilidad social. Y todo ello sin perder la cercanía, el enfoque humano y la capacidad de adaptación que hacen única a la Fundación.
También compartimos la idea de que la sostenibilidad no es solo financiera, sino también organizativa y emocional. Cuidar a los equipos, fomentar el talento interno y seguir construyendo una cultura inclusiva y participativa es clave para que el crecimiento sea sólido y duradero.
Personalmente, me ilusiona formar parte de este proceso. Creo que Cedel tiene el potencial de ser un referente nacional en inclusión, empleo protegido y emprendimiento social. Y desde el Patronato, nuestro papel es acompañar, impulsar y garantizar que cada paso que demos esté alineado con esa visión de futuro.
Has sido testigo del impacto directo que tiene la Fundación en las personas con discapacidad. ¿Hay alguna historia personal o experiencia que haya marcado tu implicación en Cedel?
Nunca se me olvidará la visita de “los chicos” a TALGO, la cual tuvo lugar gracias a un compañero mío voluntario, el cual admiro mucho por su compromiso y su buen hacer, José Ramón. Él me animó a montar la visita y me pareció una idea fantástica. Y recibirles de primera mano, explicarles y contarles lo que hacemos en Talgo, y ver su cara de entusiasmo y felicidad al ver los trenes, no tiene precio. Fue una tarde muy especial.
¿Qué mensajes darías a las empresas que aun no conocen el programa “Aliados por la inclusión”?
Pues lo primero que les diría es: ¡ya están tardando! Porque “Aliados por la inclusión” no es solo un programa, es una oportunidad de hacer las cosas bien… y además hacerlas mejor.
Muchas veces las empresas buscan cómo ser más responsables, más humanas, más conectadas con su entorno. Y aquí tienen una vía directa, clara y con impacto real. No se trata de “ayudar”, se trata de sumar talento, diversidad y valor. Porque cuando una empresa se convierte en aliada, no solo transforma vidas… también transforma su cultura, su equipo y su forma de mirar el mundo.
Finalmente. ¿Cómo pueden colaborar empresas o personas interesadas en sumarse a este camino de la inclusión?
¡Pues muy fácil! Lo primero es querer. Lo segundo… es escribirnos, llamarnos, venir a vernos o incluso mandarnos señales de humo si hace falta. En Cedel estamos abiertos a todo tipo de colaboración, desde alianzas empresariales hasta voluntariado, pasando por donaciones, proyectos conjuntos o simplemente compartir ideas. Y se necesita todo el apoyo del mundo.
La inclusión no es un club exclusivo, es un camino que se construye entre todos. Y cada empresa, cada persona, cada gesto cuenta. No hace falta tener un plan perfecto, solo ganas de sumar. Nosotros nos encargamos de acompañar, orientar y hacer que esa colaboración tenga impacto real.
Y por supuesto, tenemos un programa de voluntarios estupendos, que trabajan con los chicos, les llevan de excursión…. ¡les miman mucho!
Así que si alguien está leyendo esto y se lo está pensando… que no lo piense más. Porque colaborar con Cedel no solo transforma vidas, también transforma miradas.

